Ya hemos superado el primer trimestre dejando atrás el periodo de adaptación en la escuela infantil, un tiempo lleno de emociones, descubrimientos y primeros retos. Poco a poco, con seguridad y confianza, hemos aprendido a sentirnos parte del aula y a avanzar juntos.
A través del juego y la exploración, hemos comenzado a descubrir nuestro propio cuerpo y el entorno que nos rodea, desarrollando la curiosidad, la autonomía y las primeras relaciones. Cada pequeño paso ha sido un gran logro y una base sólida para todo lo que está por venir.
Con ayuda del Osito Tito, personaje que nos va acompañar a lo largo de todo el curso, descubrimos y conocimos las diferentes partes del cuerpo a través de juegos y canciones, lo cual ha permitido a los niños y niñas entender quienes son, diferenciándose de sus compañeros, y explorar las posibilidades de acción de su cuerpo mejorando su coordinación y desarrollo motor.
Con la llegada del otoño, aprovechamos para acercar el entorno natural a los peques y creamos un espacio de experimentación con elementos característicos de la estación. Con ello no pretendemos que los niños y niñas entiendan este concepto y sean capaces de definir sus características, nuestro objetivo es favorecer la observación y fomentar la atención ayudándoles a observar los cambios que se van produciendo en su entorno. Los nuevos colores que aparecen en la naturaleza, la lluvia, el frío, las hojas que están en el suelo, el ruido que hacen al romperlas o pisarlas, las nuevas prendas de ropa que utilizamos... Pretendemos acercarles todos estos elementos ofreciéndoles la posibilidad de manipularlos y experimentar con ellos. En estas edades tan tempranas, la experimentación y la manipulación son la base de los aprendizajes. Las pruebas, ensayos y errores en primera persona les permiten elaborar sus propios conocimientos.


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